A desalambrar

 

La ardilla siembra y yo cosecho, podría ser el título.

La ardilla entierra semillas que encuentra por ahí, y al final del invierno germina un roble, germina un arce, germina una gramilla. Mis plantas, señoras de buena familia, desprecian a estas recién llegadas, nómadas, pibas en tránsito, busconas de la mejor tierra del mundo, arañando asilo comprensión, nutrición, casa y comida, en este orden de propiedad privada.

La tierra de quien la hereda– afirman las chicas burguesas engordando el espacio.

Pero no: la tierra es de la semilla, dice la ardilla. Y siembra.

 

EL ARBOL GENEALÓGICO

Cuando el hacha abatió de un último golpe el tronco del árbol, un quejido estremeció la selva.

El follaje sorprendido se fue desplomando, arrasando con su peso las lianas, los arbustos encaramados en su cuerpo, la miríada de seres que anidaban en sus ramas, las vetas de aire suspendidas en la densa espesura, el tiempo alojado en sus anillos, los musgos aferrados a sus plantas. el dzzzdzzz de serpientes enroscadas, la impasible belleza de las orquídeas, los hongos milenarios, las especies mutantes, las delicadas colinas de termitas, los gruesos soportes de la maraña, las tiernas briznas de la mañana, la fina hiedra enredándolo todo, los estilizados helechos.

 

El quejido se hizo clamor y cundió como fuego.

Al día siguiente el mundo estaba en llamas.