por Eduardo Contreras Villablanca
Escritor, miembro del Directorio de Letras de Chile
Profesor de la Universidad de Chile

Se dice que el sentido común es el menos común de los sentidos. Cito esto a propósito de solamente una de las aristas del manejo de la crisis sanitaria por parte del gobierno.

Hoy se habla menos del plan “retorno seguro”, eslogan con el que el presidente remplazó hace unas semanas el otro –aun menos afortunado- de “nueva normalidad”. Lo malo es que el supuesto regreso sin riesgos fue acompañado de medidas concretas para el retorno de los funcionarios públicos, y estas se están materializando este mes de mayo, justo cuando las cifras de contagios diarios más que se duplicaron respecto al promedio de contagios diarios de abril (más allá de los fuertes cuestionamientos que ha habido a la aplicación de los tests y la gestión de la información por parte del Ministerio de Salud).

Para invocar el sentido común es bueno formularse preguntas; en este artículo formularé varias, aquí va la primera: este fuerte quiebre en la tendencia de contagios, ¿no es un cambio suficientemente importante como para revisar las medidas del “retorno seguro”?

Se dijo en algún momento que se excluiría de este proceso a quienes pudieran hacer todo su trabajo en forma remota; no está ocurriendo así, si bien se está excluyendo a adultos mayores y enfermos crónicos, conozco casos concretos de personas que llevaban casi dos meses cumpliendo muy bien sus tareas de forma remota, y han sido llamados a sus puestos de trabajo en forma presencial. ¿Por qué? ¿Qué está ganando el país haciendo que esos funcionarios corran innecesariamente riesgos? (o potenciando que ellos les generen riesgos a otros si es que están contagiados).

Más preguntas: estamos hablando de una cantidad de casi 400.000 funcionarios (descuenten de ahí la cifra que quieran con cargo a los adultos mayores, enfermos crónicos y otros): como mínimo esta semana tendremos decenas de miles de funcionarios que estaban más seguros en sus casas, volviendo a sus oficinas. ¿La magnitud de la cifra no importa? ¿No incide en la probabilidad de contagios? Y otro detalle, ¿a nadie le hizo ruido el hecho de que la ubicación de la mayoría de las instituciones públicas es precisamente en la comuna de Santiago, una de las más complicadas con el Covid19?

A propósito, el ministro Mañalich habla de la “batalla de Santiago” (a nuestras autoridades parece que les gusta aludir a batallas y guerras): ¿será que piensan que el retorno de los funcionarios públicos al centro contribuye a esa batalla? El ministro también se quejó de las personas que no están respetando las cuarentenas. Yo efectivamente he visto más gente circulando en mi barrio. ¿No se les ha ocurrido pensar en el efecto de sus mensajes de “nueva normalidad” y “retorno seguro”? Si la ciudadanía no va al detalle de las medidas y se queda solamente con el titular (algo que suele ocurrir en un país con baja comprensión lectora), es fácil leer el mensaje del gobierno como una invitación a relajar las medidas. Sospecho que muchos lo leyeron y lo están leyendo así.

Por último, un broche de oro: algunos de estos funcionarios públicos “retornados” continúan ahora en sus oficinas ¡haciendo todas sus reuniones por Zoom! Claro, como a muchos colegas efectivamente los dejan en casa, los que deben asistir a las oficinas siguen viéndose obligados a tele trabajar. Y ahí las preguntas finales, ¿ninguna autoridad se da cuenta de ese sinsentido? ¿Nadie dice “puchas la cosa ridícula que hicimos”? Como chiste podría haber sido bueno, pero frente a la gravedad de la amenaza del virus, la falta de sentido común no tiene ninguna gracia.