por Pavel Mejías

He reunido un pequeño conjunto de poemas surgidos en los días previos y a partir del estallido social ocurrido en Chile el 18 de octubre del presente año, aún en desarrollo. Estos me han acompañado a una serie de lecturas que conjuntos autoconvocados de poetas han realizado en diversos lugares de Santiago. Además, me han permitido dormir y levantarme, a pesar del sonido enervante de helicópteros y la amenaza generalizada a la que se ha visto sometida la población a raíz del actuar irresponsable y criminal del gobierno presidido por Sebastián Piñera Echeñique. Los entrego elaborados de manera pobre e improvisada, con el fin primordial de deshacerme de ellos. Espero puedan ser de alguna utilidad para alguien que necesite palabras, en este tiempo en que su fuerza ha sido al mismo tiempo relativizada y puesta de relieve, como nunca antes en el lapso de vida de quienes crecimos en esta antes llamada democracia.

estado de excepción

1
¿qué es Chile?
un periodista hablando de la propiedad privada:
un cementerio ardiendo, apilando caídos:
un joven con el cráneo abierto en la vereda:
un insensible llanto frente a la pantalla:
mil sueños rociados de ácida impotencia.

 

2
me di cuenta que si se perdiera hoy tu vida
se esfumaría, junto a ti,
la promesa de una libertad soñada.
como brote agangrenado, dentro mío
divisé tu tumba entre mis fantasmas.
fue un segundo, pero en un corte
se atoró en mi garganta, como piedras
que me borraran la vista, como un
quebrazón
de uñas en la tierra.

3
el miedo que me raja es síntoma del amor que estoy viviendo:
por el cual quiero vivir, por el cual quiero que vivas
Hoy -justo hoy- le ruego
a la Historia
que no se interponga entre nosotros.

4
me enfrento a la valentía de mis padres
a la valentía de mis abuelos
a la valentía de sus pasos que se han hundido al aire
a la valentía de aquellos a los que despidieron
y me veo convertido en buitre de energías primordiales
y me encuentro avergonzado como niño que tropieza

5
me desvelé pensando que salías a la calle
y que te detenían por cualquier excusa
me desvelé en tu rostro imaginado entre ceja y ceja
y desperté llorando cuando ya no pude más,
con una vela en mano, mantenerme en pie.
Yo no quiero otro canto a su amor desaparecido:
sólo quiero un desierto que se abra a tu camino.

6
escribo poemas porque no tengo otra forma
de lidiar con la emergencia
porque no conozco cómo conservar la calma
porque me heredaron casi únicamente las palabras
porque no querían ya más bombas en mis manos
porque la esperanza fue invitada al nacimiento
de cien mil brotes humanos en el año
de mil novecientos noventa, tres meses después
de que la pesadilla
se cambiara de cara para hacerse indistinguible
como una infección latente en los espejos de la vida
por eso me escribo en esta noche,
como quien prepara un torniquete mientras
se despide de sus piernas.

7
toda esta región de espanto es simplemente
proyección de algo
presentido entre rumores
como en un disparo que es simétrico al pasado,
la avenida de la paranoia entre algodones
de una boca que no ha conocido el hambre
es mi historia familiar y es quizá tu historia
un relato quebrado que se reproduce
en la sangre derramada hoy, en la que se ha
de verter mañana
(entonces descubrimos que los celulares
no son
a prueba de balas)

8
despertar temprano sin poner alarma
despertar sin hambre, sin reflujo y sin náuseas,
prácticamente sin estómago
abrazado por el frío que hay después de la tormenta
o quizá por el silencio que hay en el ojo de huracán
despertar
preguntándose quizá cuántos, quizá cuántas
quizá cómo
y sin embargo, despertar
ileso y arropado
embadurnado de una mezcla de odio, alivio y vergüenza
preguntarse si aún estarás durmiendo
y querer correr a verte
y entre todo, aún temer.

9
destruir una ciudad que siempre nos fue ajena
para darnos cuenta
de que los mejores años
no los hemos regalado, ni se nos han perdido;
recobrar nuestros momentos que han servido de chantaje
ahogándose en las calles, ligándose al cemento
y decir: «mis besos siguen siendo míos, no los expropiaste
entre tus bancas colocadas frente a otros jardines»

10
cuando el fuego de las barricadas haya
consumido hasta los huesos,
entonces harán falta las palabras:
no para cubrir sus restos, sino
para levantarles en justicia
de los hechos
que construyen modelando la ceniza

11
llévate mis manos para si la represión te llega
a caer sobre el sonido que tomamos
de entre escombros de lo que un día fue o castillos
de lo que podría ser si de pronto
nos encontramos
con nuestro ritmo y nuestra fuerza
sin que puedan ya drenarnos
porque nuestra vida sea una con su canto
y no quede más que seguir, seguir creando
aunque no nos llame nunca más el cielo
por vivir bailando nuestro jubiloso infierno

poema de septiembre

bailaban
y era invierno
la flor de sus abrazos
que nunca florecían
reptaba hacia atrás
y hacía noches cortas

yo quisiera que tú olvidaras, papá.
Pareciera que tus ojos me dijeran:
“en algún momento tendrá que perderse,
pero puede que nosotros no vivamos
todavía cuando se pueda vivir”

se abrazaban
y lloraban entre restos
de sus propios cuerpos rotos

trizadas
como hojas de cuadernos
lanzadas al mar
abriéndose entre el fuego
de inmundos animales

manchas en la berma de zapatos rojos
que bailaban, tikitikití

la siniestra ropa cuerdas amarradas era
nunca se enteraron-
vivían bañados de la más oscura santidad

sus cuerpos eran las hojas arrancadas
ajados en sus bordes nuestros ojos eran

y hoy te miran a los ojos
sin poder imaginarse
cómo es que llegaste a estar así de loco

septiembre tenía
todos nuestros cumpleaños
y una mancha en medio
como cicatriz que ya no sana:
un motivo más para empinar el codo
y transmutar en vino
cada gota de sangre (al final,
después de cien sueldos, nada duele)

yo quisiera que tú olvidaras
pero hoy
todo te lo recuerda

si pudieran numerarse
todos los horrores que en una familia escalan,
si ni hablar de alternativas queda y
todos nuestros pedazos
caminaron como muertos, vendados los ojos
por un día que dijo
nunca más.

reporte ansiado

1
me dijo una alerta
me dijo peligro
me habló de los muertos
del tiempo perdido
los muros en regla
la piel en venganza
la desollante espera de ausencia entregada
disuelta en el fuego
tus ojos errantes
trizando el engaño:

la alerta en el cuerpo que abraza el placer

2
nosotros somos la sombra de la misma oscuridad, dijo
pudriéndose debajo de todos los palacios, en las costras
de este sistema penal, desembarcando como naves espaciales

por no contar con otro nombre, acostumbrados a llamarle sociedad
a esta carrera de la que no forman parte ni los que queman
ni los que roban
ni los que pierden
ni los que aman
ni los que sienten
ni los que duermen
debajo de la vereda
porque aún hace frío y todavía
es octubre en los televisores,
y la reconciliación se ve en las casas,
se encuentra
bajo techo

quizá un saqueo: escaparse para ver el mundo abrir por la mitad

tus manos: el rencor que se suspende
el constante llover de millones de púas humanas
el frío que se fuma y arde
la comprensión que repta en torpes toqueteos
de la piedad, de la moral, de ensueños que se escapan
por entre las rajaduras de una piel cimbrada en cloro,
bañada en meaderos que no frecuentan ni los perros;
arriesgados en llamarse humanos por un uso marginal del término;

restos de sus rostros apaleados en la berma – un verso que revienta.

3
la paz del pasado ya no existe
se oye decir a un eco del pasado
19 de julio, 19 de octubre, diecinueve este año
todas las penas y hombros y cantos y rezos
acuden para alzarnos
al espacio que somos, nutridos seres
animales que gravitan dentro de todas las especias

la paz del pasado ya no existe

4
caminamos para prevenir el infarto cardiaco
sonreímos y nos vemos
tiempos de paz, siempre la tierra
nuestras bocas que zozobran
la perspectiva de horizontes vislumbrados
un espacio difuso que presienten

la revolución regresa el agua a sus ríos

esquirlas

1
un centenar de rostros tornados en no videntes
por el vómito de plomo y estallidos
como aves destrozadas apenas surcando el sol
una última ocasión el firmamento azul, ¿te acuerdas?
blanco por los gases, rojo antes de irse, ¿ves?
callándose en el centro, ¿sientes?
de una plaza hecha de gritos, bruta y constreñida
como piedras en un saco martillándose en el mar

¡que nadie se atreva a llamarles ciegos!
¡que nadie se atreva a llamarles ciegas!

Vuestra vista sea el llanto que tronemos en las jaulas

2
el peligro contagioso de una catarsis
puesta sobre el cuerpo como un cubo de queso
mientras el tiempo tiende a preferir quebrarnos la espalda
sin miramientos, con la cara dura
dirigida a una ventana por la que no escapa el ruido ni
siquiera el aire, la ventana que está puesta nada más
para enrostrarnos nuestra privación de brisas, días frescos
en los cuales construir como niñes imparables.

3
vengo con el luto puesto a flor de piel
a entregarme a un país que aún no existe
vengo porque clama en lo vidrioso que rezuma
en cada una de nosotras, nuestras almas
o como se pueda llamarles en lo árido del suelo
del soñar que decimos, aquel ámbito abierto
sembrado de amatistas que es vestir la memoria
que retorna hacia nosotros desde el porvenir
como proyecto que se entona apenas
cual murmullo que atrona destrozando techos de cristal
o silbido que empaña la armonía de las jaulas
vengo con la piel vertida en mármol
con la coraza vacía para echarla así en el fuego
soberanamente desprendido de mí mismo
para preguntarle con premura a los muertos
cómo hacer, cómo hacer, cómo ser
y ver entonces convertido el breve espacio que ocupamos en el tiempo
en un girar sin nombre
para verse finalmente a la cara.