Nos enteramos del fallecimiento del notable y prolífico escritor Pedro Guillermo Jara. Un microcuentista notable, impulsor del género brevísimo. Siempre bien dispuesto para las acciones creativas, solidario, fraterno, divertido. Participó en muchas actividades de Letras de Chile, colaborador incansable. Nos queda su obra luminosa y el recuerdo de un artista pleno y lleno de humanidad. Apreciado en Chile y en el extranjero. Lo seguiremos queriendo y recordando.
Pedro Guillermo Jara
Realizó estudios de Literatura en la Universidad Austral de Chile.
Es fundador, editor, Director de la revista de bolsillo Caballo de Proa.
Ha publicado Historias de Alicia la uruguaya que llegó un día (autoedición, Valdivia, 1979); Para Murales (El Kultrún, Valdivia, 1988); Plaza de la República, (El Kultrún, Valdivia, 1990); Disparos sobre Valdivia (El Kultrún, Valdivia, 1997; De cómo vivimos con Jesse James en Chile Chico (Autoedición, Valdivia, 2002); Relatos in Blues & Otros Cuentos (Puerto Montt, 2002); Minimales, Tres obras de Teatro Breve, (Conarte, Valdivia, 2003); El Rollo de Chile Chico, (Conarte, Valdivia, 2004), Cuentos Tamaño Postal, (El Kultrún, Conarte, Valdivia, 2005); De Trámite Breve, (Edición Caballo de Proa, Valdivia, 2006); El Korto Cirkuito (Afiche-literario), Autoedición, Valdivia, 2008; Tres disparos sobre Valdivia, de Peter William O’Hara (Colección Ïnsula Barataria, El Kultrún / Consejo Regional de la Cultura y las Artes Región de los Ríos, Valdivia, 2009; La bala que acaricia el corazón, Nanonovela (Colección Ïnsula Barataria, El Kultrún / Conarte, Valdivia, 2010.
Antologado en: Brevísima Relación del Cuento Breve de Chile, de Juan Armando Epple, Ed. Lar, Santiago, 1989; Cien microcuentos chilenos, Juan Armando Epple, Editorial Cuarto Propio, Santiago, Chile, 2002; Andar con Cuentos, Nueva Narrativa chilena, de Diego Muñoz Valenzuela y Ramón Díaz Eterovic, Mosquito Editores, Santiago, 1992; Héroes Civiles & Santos Laicos, de Yanko González-Cangas, Barba de Palo Ediciones, Valdivia 1999; Cien Microcuentos chilenos, de Juan Armando Epple, Cuarto Propio, Santiago, 2002; Al Sur de la Palabra, Letras de Chile (Mosquito Comunicaciones, Santiago, 2005); Letras Rojas, Cuentos negros y policíacos, Ramón Díaz Eterovic, compilador (LOM Ediciones, Santiago, 2009); Arden Andes, Antología de microficciones Argentinochilenas, Selección y prólogo de Sandra Bianchi, Macedonia Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2010.
En 1998 obtiene la Beca del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. El 2003 la Pasantía para Escritores Profesionales del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, para terminar de escribir el libro-objeto El Rollo de Chile Chico y el 2006 obtiene el premio Crónicas Regionales por su libro Patagonia Blues, del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. En 2011 obtiene la Beca de creación literaria del Consejo Nacional del Libro y la Lectura.
La amenaza
Enciendo el computador, un cigarrillo, acomodo mi café e inicio la rutina de revisar lo que he escrito la noche anterior. Luz, me digo, necesito luz y descorro la cortina de la ventana que da al patio.
Busco un archivo y de pronto siento una presencia tras la ventana. Levanto la vista y lo veo: su mano derecha sostiene una lanza que se pierde en lo alto; en su testa, un casco con una visera movible que protege sus ojos, las mandíbulas, la nuca y que remata en un penacho con una cola que ondea al viento; un peto de cuero dibuja sus músculos del tórax; un manto de piel de cabra cae desde sus hombros; un escudo en el brazo izquierdo; una espada al cinto; un arco y un carcaj terciados a su espalda.
El centinela barre con su mirada el infinito, más allá de los muros. Desde la explanada Aquiles, desnudo, como loco, le hace gestos exhibiendo sus testículos. No le hace caso, el soldado está acostumbrado a estas obscenidades después que Aquiles perdió a Patroclo en la última batalla.
Una barba de días cubre el rostro ceñudo del centinela. Adivino que observa a los Aqueos que acampan en lontananza en este largo asedio que se prolonga por diez años.
¡Mierda!, murmuro; aprieto la tecla “Suprimir” y el Troyano desaparece.
El francotirador
El francotirador se arrastró un par de centímetros y se quedó quieto. Su cuerpo se confundía con la arena del desierto. Tomó su fusil Mosin-Nagant y apuntó al blanco ubicado a 100 metros. “Sigilo y paciencia”, murmuró. A través de la mira podía adivinar el latir del corazón del hombre que se movía constantemente en un ir y venir. “Los dioses están conmigo”, murmuró. El blanco se detuvo alzando los brazos en señal de victoria. El francotirador apuntó con cuidado al punto vulnerable. Pasó la bala a la recámara. Dejó de respirar. Su pulso se afirmó en la quietud y jaló del gatillo. La flecha salió rauda en dirección al talón de Aquiles dando en el blanco. Paris, envuelto por una densa neblina provocada por Afrodita, regresó raudo a la protección de los muros de Troya.
La huelga
Después de algunas semanas de diálogo con el gerente de la constructora, se anunció el paro total. El diálogo se había roto. No había más que conversar, “Es el colmo compañeros, no vamos a soportar el abuso, en esta construcción queríamos llegar muy alto”.
A la huelga habían adherido los sindicatos que reunía a contratistas, subcontratistas, obreros especializados. Los trabajadores organizaron ollas comunes, protestas, huelgas de hambre y marchas. Nada parecía hacer mella a la empresa. El gobierno, pusilánime y a favor de la economía de mercado, del capital y la inversión foránea, sacó a la calle sus fuerzas de seguridad y las detenciones se sucedían día a día. Nadie se responsabilizaba por la represión policíaca.
La empresa constructora realizó la última movida y se declaró en quiebra. Con sus abogados recuperó los contratos, las pólizas y los cheques de garantía. En suma, no había perdido un solo peso del capital invertido. Pero el gobierno echó mano a la última carta oculta bajo la manga: recurriendo a sus dones de hechicero y apoyado por sus servicios de comunicación el Ministro del Interior confundió las lengua de los trabajadores, quebró el movimiento sindical quienes, obviamente, no se comprendieron y los sindicatos, contratistas y subcontratistas decidieron partir cada uno por su lado.
La obra quedó a medio camino. De la Torre de Babel nunca más se supo transformándose en un elefante blanco que sirve de guarida para vagabundos, soñadores y marginales del mundo.
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Microcuentos leídos en el III Encuentro Chileno de Minificción “Sea breve, por favor”. Valparaíso, junio del 2011.
