Por Paula Riquelme Bugueño
Un cuento de brujas
Fue una tarde común y corriente. Preparaba mi almuerzo favorito: huevos de rana; lagartijas rostizadas y de postre ratón acaramelado. Todo era tranquilo, hasta que tocaron mi puerta. Abrí con amargura, pero sonreí dichosa al ver dos criaturas deliciosas. Un niño y una niña de tierna edad, exquisitos a la vista. Me dijeron sus nombres, los cuales no logro recordar. Pidieron dulcemente alojamiento, no se los pude negar y con mucha atención los deje entrar. Los alimenté y vestí, mi plan era comérmelos en un gran festín. Quién iría a imaginar que yo iba a ser el plato principal.
El verdugo
El verdugo decide afilar su hacha, con el propósito de usarla para su próxima ejecución. Pero justo ésta se rompe de tanto afilarla; con desesperación decide ir al pueblo a comprar otra. Olvidando que llevaba el hacha en su mano, se dirige al pueblo. Al llegar quienes lo rodean, huyen del espanto.
Tratando de explicar la situación, el verdugo se acerca a un pueblerino. Sin querer, su hacha demasiado afilada le corta la cabeza. Ante esto, la gente del pueblo se une para atacarlo, sin dejarlo explicarse y sin poder apelar a su inocencia.
A la mañana siguiente otro verdugo lo degüella con su hacha demasiado afilada.
Empty Space
Todo pasó muy rápido. Sigo en shock. A mi alrededor está todo de color. No distingo la realidad, no identifico los recuerdos en mi cabeza. Muchas piezas de puzles que no cuadran.
Cierro los ojos, tratando de encontrar alguna explicación, espero que mi memoria me funcione. Siento que estoy en un espacio vacío. Viene una imagen a mí. Veo su sonrisa, su boca, sus dientes. La veo perfecta, sin ningún defecto, una luz la ilumina. ¡Qué claridad, qué hermosura! Mis manos se acercan, la acaricio suavemente, pero al tocarla se pudre. Su boca se ennegrece, sus dientes se caen. La luz se opaca, se oscurece ella.
Ya no está. Siento miedo
Abro los ojos, todavía no logro identificar nada. La deseo, quiero tenerla frente mío de nuevo ¿Dónde estás?
Vuelvo a abrirlos y de nuevo los cierro. Hay sólo oscuridad.
Escucho una voz cerca de mí, tratando de comunicarse conmigo, pero no hay caso, es sólo un molesto ruido. Vago en el espacio, alrededor está lleno de estrellas, pero al tocarlas se caen. Visualizo una puerta, me acerco, pero no hay gravedad entonces salto.
Logro llegar, hago un esfuerzo sobrenatural para abrirla. Lo consigo, me siento agotado, mi frente suda. La veo al otro lado de la puerta, me estira la mano. Quiero irme con ella, le estiro la mía. Pero de repente salto y me voy en reversa. Me alejo cada vez más. Sigo estirando la mano, mi corazón se sobresalta, no lo siento, pero salta y cada vez estoy más lejos de ella. Me voy alejando cada vez más hasta que la puerta desaparece. Grito a todo pulmón “LAURA”.
Abro los ojos, ya es muy tarde. Ahora es distinta la luz que veo, es proveniente de una ampolleta. Hay paredes blancas a mí alrededor. Una sombra oscura aparece frente a mí, reconozco la silueta. Es una persona.
Ahora todo cobra sentido, el auto, Laura, la ambulancia. Estoy en un hospital.
Grito desesperado y descontrolado “Laura”. Los enfermeros me controlan.
Mientras me sedan, la veo a mi lado. Sus ojos ya no eran esos tiernos azules, ahora son rojos. Su boca ya no es delicada y dulce. Tiene cicatrices, está despedazada. Me mata verla. Con esa imagen de ella, me desgarro.
Cierro los ojos, deseando que sea la última vez que los abra.
Héroe o Esclavo
Había una vez un hombre. Este hombre deseaba ser poderoso, para eso se propuso poseer el mundo. Con esta idea creo una ciudad “Por algo se tiene que empezar”, se dijo.
Esta ciudad funciona como cualquier otra, tenía hospitales, escuelas y todo lo que fuera necesario para sus ciudadanos.
El único problema que tenía la ciudad es que era inestable y el hombre temía que se cayera, destruyendo todo lo que había creado. Entonces tomó una decisión: llevar la ciudad a su espalda.
El hombre creyendo ser el salvador de su ciudad, cegado, nunca se dio cuenta que en realidad era un esclavo.
¿Qué serán?
A veces se escuchan al anochecer sus bulliciosos gritos, sus desesperantes risas que no dejan dormir. Aparecen con sus móviles voladores, yo tengo uno, pero al parecer esta averiado. Sus sombreros son puntiagudos, pican a quienes se acercan y sus verrugas asquean a quien los ve.
A veces se escuchan por las noches, decir conjuros o maldiciones. Son ellas las que nos dominan y no nos dejan dormir por las noches
Paula Riquelme Bugueño, edad 17. Estudia en el Liceo Carmela Carvajal de Prat, actualmente cursa tercero medio A, humanista literatura. Apasionada de la literatura y el cine. Disfruta las noches de lluvia, en un confortable sofá tomando un café, leyendo un libro o viendo una película. Deseo imposible, ser editora de libros. Futuro más certero Abogada, de preferencia derecho penal. Algún día dirigirá una película o escribirá un libro.
Paula fue parte del taller literario impartido por el escritor Diego Muñoz Valenzuela a alumnas del Liceo Carmela Carvajal de Prat, en el marco del programa Letras en el aula 2015, el cual contó con el apoyo del Consejo Nacional del Libro y la Lectura.
